07 Ene Las grullas nos traen historias de kilómetros recorridos
Este invierno nos está trayendo una ola de frío que se siente en cada rincón del campo. Para los olivos, el frío es parte del ciclo natural: durante el invierno el árbol frena su crecimiento y entra en una especie de “parada vegetativa”, lo que le permite soportar temperaturas bajas e incluso heladas moderadas sin mayores problemas. Sin embargo, cuando las temperaturas bajan de forma intensa o se mantienen bajo cero durante muchas horas, pueden dañarse brotes, hojas o incluso la calidad del fruto que aún estaba en desarrollo. El frío extremo puede afectar negativamente la cosecha y la calidad del aceite de oliva que obtendremos más adelante.
Mientras el campo se adapta a estas condiciones duras, hay otros signos de la naturaleza que nos recuerdan que estamos en pleno invierno: la llegada de las grullas. Estas aves migratorias cruzan nuestros cielos en sus largos viajes y son un símbolo de resistencia y cambio de estación. Verlas en nuestra finca nos recuerda que la vida sigue su curso, que las estaciones vienen y van, y que la tierra, como ellas, se prepara para lo que está por llegar.
En Casas de Hitos contemplamos todo esto como parte de un mismo ciclo. El frío moldea la tierra; las grullas nos traen historias de kilómetros recorridos; y el olivo, con paciencia, guarda su fuerza para la próxima primavera. En medio de ello, el aceite de oliva que produce nuestra tierra sigue siendo un producto esencial, rico en grasas saludables y con propiedades que lo convierten en un aliado también para cuidar de nosotros, favoreciendo una dieta equilibrada incluso en periodos de cambio y adaptación.
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