
01 Jun Calor extremo en el olivar: por qué también protege frente a la mosca del olivo
El calor extremo en el olivar tiene dos caras.
La más evidente es la presión que sufren los árboles. Cuando las temperaturas se disparan durante días consecutivos, aumenta el estrés hídrico, se ralentizan determinados procesos fisiológicos y la planta debe dedicar gran parte de su energía a protegerse y sobrevivir.
Pero el campo rara vez es tan simple.
Las altas temperaturas también actúan como un regulador natural frente a algunas de las principales plagas del olivo. En el caso de la mosca del olivo, una de las amenazas más importantes para la calidad del fruto y del aceite, los periodos prolongados por encima de 35°C reducen drásticamente su actividad biológica y la viabilidad de huevos y larvas. En muchos casos, el propio verano ejerce una función de control natural que ayuda a contener su expansión.
Por eso, en el campo, casi nada puede analizarse de forma aislada.
La clave no está únicamente en la temperatura, sino en cómo responde el ecosistema agrícola ante ella. La salud del suelo, la capacidad de retención de agua, la biodiversidad y el manejo agronómico son los factores que marcan la diferencia entre resistir una ola de calor o sufrir sus consecuencias.
La agricultura no consiste en luchar contra la naturaleza. Consiste en comprenderla.

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